Pedir la primera cita suele costar más que la sesión en sí. Es habitual llegar con la sensación de no saber muy bien qué se espera de ti, o con el miedo a no saber explicarte. Te cuento cómo es, para que llegues con una idea clara.
No necesitas llevar nada preparado
Mucha gente cree que tiene que llegar con su historia ordenada y un motivo de consulta bien formulado. No es así. Basta con que empieces por donde te resulte más fácil, aunque sea por el final o por un detalle aparentemente menor. Mi trabajo incluye ayudarte a ordenar eso.
Tampoco hace falta que lo cuentes todo el primer día. Hay cosas que necesitan tiempo y confianza, y no pasa nada por dejarlas para más adelante.
Qué hacemos durante la sesión
La primera sesión dura unos 60 minutos y sirve para conocernos. Dedicamos buena parte del tiempo a que me cuentes qué te trae, desde cuándo, y cómo está afectando a tu día a día. Yo haré preguntas para entender mejor el contexto: tu situación actual, tu historia, qué has intentado hasta ahora.
Hacia el final hablamos de cómo lo veo, de si creo que puedo ayudarte y de qué forma. Si pienso que otro profesional o un enfoque distinto te vendría mejor, te lo digo con honestidad.
Confidencialidad
Todo lo que se habla en consulta es confidencial y está protegido por el secreto profesional. Es una condición básica para que la terapia funcione, y solo tiene las excepciones que marca la ley en situaciones de riesgo grave.
Y después
No hay ningún compromiso de continuar. Puedes tomarte el tiempo que necesites para decidir. Si seguimos adelante, lo habitual es empezar con una frecuencia semanal e ir espaciando las sesiones a medida que avanzas.
Sentir nervios antes de la primera cita es lo más normal del mundo. Casi todo el mundo los tiene, y casi todo el mundo sale de esa primera sesión con la sensación de que costaba más imaginarlo que hacerlo.